15/2/17

Héctor Viel Temperley: "Acaso Dios es casa..."


Las aguas vivas


Me han quemado las párpados,
me han quemado debajo
de los brazos
las aguas vivas.
Entre los dedos pasan.
Nunca vi más silencio
odiando, navegando, naufragando
suavemente hacia el sur
por este espacio mío.

¿Quién otro corre como yo
estos días
sin quererse perder,
sin querer que lo pierdan
sus hijos verdaderos
de sus hijos?
?Quién más corre,
balneario de aguas vivas?

Han quedado en el aire,
con parálisis,
sillas de playa,
risas, ironías
de diez, doce veranos;
y a ellas vuelven
los mismos moribundos
odiando, navegando, naufagando
suavemente hacia el sur
por el espacio mío.

De espaldas sobre el agua
miro el cielo
¿Dónde estará mi amigo
David con su trompeta?
¿Quién protege mis alas,
David, que no se queman?








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Batman


Yo soy el que hace guardia
a medianoche
junto a una pileta.
Llanura helada,
alas,
luna nueva.

Yo soy el que no pudo
quedarse haciéndo guardia
-sin inviernos, sin alas-
junto a otras piletas
más altas, más azules.

Yo soy el que algún día
va a hacer guardia mil años
junto al mar.
Voy a buscar de nuevo
mil años
a mis hijos.








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Tus pezones


Porque tus pezones son
del color de tus párpados,
van pesadas las horas
por la calle.

Hacia su último mar
de zoológico ardiendo
van pesadas las horas,
las mentiras, el sueño.

Y he encogido las piernas
hasta el alba al sentir
como naves
saliendo por el aire.

Y ha quedado mi brazo
duro
de alzar un ancla.
Y ha quedado mi mano
hinchada y escondida,
hueca como la almohada,
porque son tus pezones
del color de tus párpados
y del color que tienen
los pezones
de la ternera muerta
apenas nace.








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Julio


Desde que me quitaste
tu cuerpo,
sin saber qué quitabas,
hay más tiempo
en el cielo
y una mancha de sangre
en el cabo
de mi hacha.

Hacho pisando hojas,
me desnudan y bañan
en un patio de estancia.

La vida es una larga
pileta con violetas,
una pileta en forma
de cruz
que se cubría
y que cubría el campo
de violetas.

Ya no grito tu nombre
cuando sueño
que he perdido las botas
o que muero.
Ahora las busco solo
por el suelo
como cuando buscaba
gateando mis soldados.

Y cuando sueño que te vas
no grito
pero salgo a buscarte
y llego tarde
y me enferma tu tiempo.
En el sueño es verano;
la mañana es de invierno.








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Las ratas


Nunca antes
pensé en las ratas. Eran
las grises, melancólicas
nadas de larga cola
que subían
a un horizonte ajeno.
Las miraba
marchar, sin importarme,
por los altos
horizontes de los otros.
Pero ahora
las ratas no son nadas,
son el peso
que sobra en la memoria,
que chilla cada vez
que abro las puertas
del Día.
Sé que están
en este barco
interior, confundidas
con la Gracia,
atropellándola
cuando ella sale
a ver el mar,
a hablar con los marinos.
Ahora sé por qué
algunos días
son más grises
y hay más frío en un lado
del corazón a veces.
Las tenía
siempre conmigo
pero no sabían
que iba a despertar
esta mañana
pensando en ellas,
recordando quejas,
reproches que me hacía,
equivocado.
Desde hace un rato
van por mi memoria
como esperando
que se mueva el viento.
Y sus colas escriben: Todavía
hay fuego en las cucharas
de los cielos.








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Placita de Santa Marta


Placita de Santa Marta
donde no fornica nadie,
por las paredes blancas
y los cuatro naranjos.

¿Qué hago en Sevilla,
qué hago
que no corro por el cielo?
¿Cuánto tiempo más
buscando hoteles?
Y el que quiero
no aparece.

Sólo una vez tuve uno
como nave del Señor.
Pileta azul y silencio.
Siesta, calor y silencio.

Placita de Santa Marta
donde no fornica nadie,
¿qué hago en Sevilla,
qué hago
que no corro por el cielo?








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Casas


A lo mejor las casas
son el reino
de Dios sobre la tierra
para algunos;
a lo mejor algunos
son el reino
de Dios sobre las casas,
como tiendas.

Acaso Dios es casa,
acaso es tienda:
tienda nomás, no casa.
No hay hacia Dios caminos
ni es casa con terrazas
para mirar desde allá arriba
casa.

Acaso el hombre quiere
volar nomás en medio
de la tienda de Dios,
tomado de la pobre
camisa azul de Dios,
con los ojos cerrados.

Acaso son las llagas
del hombre las que quieren
un Dios así, que deje
pasar la lluvia y vuele
alegre hacia su casa.

Acaso Dios es casa.








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Pampa de Achala


Hay que tirar muy fuerte
para abrir la ventana
del baño, pero el aire
que afeita como el hielo
es Dios de nuevo.

Le digo adiós a un hombre
que miraba el invierno
y tenía una nieta
y un hotel,
allá arriba,
que era como mi casa.
Le digo adiós a un hombre
que se llamó Juan Reymond.

Le digo adiós a un hombre
y a una mujer jóvenes
naufragando en el viento,
sobre nubes y sábanas
y caballos pequeños.

Las nubes, como lunas
húmedas, van pasando
y es como leche de mujer
la pampa
con el caballo al paso.
Ya no veo.








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Héctor Viel Temperley (1933-1987)
Buenos Aires, Argentina.


Febrero 72 - Febrero 73 - 1973
Juarez Editor